EL RITUAL DE LA PALABRA

parhablandoFORMACIÓN Y DESARROLLO HUMANO

Los humanos somos, ante todo, seres sociales, de familia, grupo, cofradía o comunidad.  Esa condición se establece por medio de las relaciones, y las relaciones se realizan básicamente fundadas en la comunicación verbal –la palabra. Si el proceso de la comunicación funciona adecuadamente en cualquier grupo humano –en el sentido de que haya entendimiento- se habrá allanado el camino para que

pueda avanzarse en la identificación y desarrollo de sentidos, acuerdos y propósitos comunes con un alto grado de certidumbre. Esto es muy importante en la función académica – y particularmente en las ciencias humanas-, tanto en el campo de la docencia misma, como en la proyeciión de los saberes hacia el entorno social, pues se traduce en acciones de conjunto -pertinentes, eficientes y efectivas- que aseguran los cambios necesarios para el desarrollo humano.

La cualificación de la palabra –en cuanto a ordenarla e imprimirle trascendencia- es lo que llamo Ritual de la Palabra, que opera como sin par recurso metodológico y pedagógico en cualquier proceso que implique un grupo humano con propósitos trascendentes.

El Ritual de la Palabra se ha tomado, con los debidos ajustes y traducciones a la ideología occidental, de pueblos indígenas del Amazonas Colombiano que, al ser portadores de la tradición oral, manejan con maestría la comunicación. El Ritual de la Palabra es concomitante con los conocimientos experiencial y simbólico –que se explicarán más adelante- en tanto se nutre de ellos y los dinamiza para completar el proceso de la comunicación, que ilumina todos los órdenes de la vida social o comunitaria.

Por ahora ocurre que, en la formación académica, en el ejercicio profesional, en la acción institucional o en los emprendimientos propiamente comunitarios, las buenas intenciones se ven obstaculizadas, mermadas o diluídas por el surgimiento de episodios de confusión, impertinencia o conflicto que el ejercicio de la planeación no puede anticipar y cuya prevención o resolución, en la gestión misma, exige  aptitudes y actitudes generalmente excluídas de las consideraciones y de la vida misma de las personas implicadas. Así las cosas,  un balance concienzudo y honesto de resultados, en cualquiera de esos ámbitos, es muy probable que ponga en evidencia una ineficacia acompañada de  frustración,   escepticismo y  desesperanza.

En términos del lenguaje usado en la administración empresarial, el Ritual de la Palabra incide de manera contundente en un incremento substancial de una productividad humana que, en este caso,  forma parte de un circuito ascendente de vida, pues da curso a las inusitadas capacidades de sabiduría inmanentes  a todos los seres humanos y, por sonsiguiente, implica un sentido de construcción social erigido sobre el bienestar y la realización personal. Considero esta visión como esencial dentro de la ciencia antropológica.

La comunicación, entonces, implica un encuentro ritual dialogado (el Ritual de la Palabra) en el que, en torno a un tema, los participantes, de manera ordenada, comparten sus experiencias (conocimiento experiencial) a la luz de la Palabra de Vida (principios de vida), para buscar un propósito común y los medios necesarios para alcanzarlo. La parte final del ciclo de la comunicación incluye el cumplimiento de los compromisos adquiridos (obras, actitudes, comportamientos…), cuya evaluación será materia de un siguiente Ritual de la Palabra, para hilvanar así un tejido ininterrumpido que, a la larga, es el tejido de la propia vida.

DESCRIPCIÓN DEL RITUAL DE LA PALABRA

Con el Ritual de la Palabra se propicia la introducción de la dimensión espiritual en la experiencia, tal como ocurre en nuestros pueblos indígenas, que para establecer sus relaciones y formar comunidad se inspiran en profundos principios universales que ellos denominan la Formación del Ser. Teniendo  la experiencia como factor primordial de su  acción, el Ritual de la Palabra es accesible a todos los seres humanos con capacidad de razonar y bajo el principio de una igualdad en el encuentro que permite  hablar libremente de la vida desde la vida misma y llegar a la unidad de propósito, que es imprescindible en cualquier trabajo colectivo.

El Ritual de la Palabra es el principal recurso de comunicación de los pueblos indígenas colombianos y americanos que fundamentan sus culturas en la tradición oral. El encuentro de los miembros de la comunidad para efectuar sus diálogos ocurre en la casa ceremonial (Maloca, Kankurua, Cuca, Chunzuá, Nunhue, Tipi, Cansamaría… ) y tiene connotaciones sagradas en tanto que implica el cultivo de la vida a profundidad o, en otros términos, la re-significación de la vida.

La clave es dar lugar a la abundancia espiritual desde la que se pondera, con sabiduría, el bienestar material, todo ello confiriendo orden y contenido a los diálogos para propiciar un ambiente ritual en el que pueda fluir la Palabra de Vida. Este hermoso regalo de nuestras culturas ancestrales ha sido  puesto a prueba con felices resultados en la sociedad mestiza desde hace seis años y en  diferentes grupos humanos: universidades, colegios, organizaciones de la sociedad civil, familias, desadaptados, drogadictos, pobres, ricos, burócratas…

El Ritual de la Palabra implica el desarrollo de cuatro momentos: pensamiento, corazón, palabra y acción. Es un proceso que comienza en el pensamiento, que luego se lleva al corazón, se expresa en palabra y necesariamente debe terminar en actitudes, comportamientos u obras que beneficien a la colectividad. En últimas, se habla desde la obra (por sus frutos los conoceréis y ellos se conocerán a sí mismos), de tal manera que sin ésta es imposible la comunicación.

El momento del pensamiento

Implica pensar positivamente, en correspondencia con el Pensamiento del Padre Creador, reflejado en la Ley de Origen y los principios de vida. No hay que mantener pensamientos secretos porque todo pensamiento secreto o privado es dañino: para el que lo piensa, porque niega su identidad, que radica en la pureza, e impide la unión con el otro; para el universo, porque el pensamiento cobra forma en cualquier nivel. La exclusividad de los pensamientos positivos hace de la mente un altar para recibir los pensamientos revelados que vienen del Espíritu del Padre. Así es que opera la sabiduría en los ancianos sabedores.

El momento del corazón

Todo pensamiento, antes de expresarlo en palabra, se lleva al corazón para endulzarlo. Si son los pensamientos negativos, para que al expresarlo no produzcan ataque sino la sanación del que los dice. Los positivos para que lleguen directamente al corazón de los oyentes y los acojan en su mente  y en su vida.

El momento de la palabra

El pensamiento que se ha llevado al corazón necesariamente se expresará en palabra dulce, palabra amorosa, que no ataca ni hiere sino que atrae, une, construye y va por el camino de la verdad.

En este momento la palabra personal pasa al dominio público, se exigen las siguientes condiciones o cualidades concurrentes e íntimamente relacionadas:

¨     Precisión del significado. Se requiere consenso sobre el significado de lo que se habla, para que pueda haber un principio de entendimiento. El significado proviene de la unión de razón y corazón.

¨     Saber Hablar y Saber Escuchar. En la comunicación el ser es su palabra y al ser se le conoce mediante el acto de compartirlo. Esto significa que quien habla se entrega íntegramente a los demás en su palabra. Así mismo, los que escuchan son conscientes de la importancia de esa palabra; son, a la vez, testigos y aprendices de la misma y, por ello, al escuchar también dedican todo su ser. El ritual no admite charlatanería, dispersión, controversias ni cuchicheos. Saber hablar y saber escuchar propician el entendimiento, la confianza, la armonía, la unión  y la paz.

¨     Sinceridad. Implica publicar mansamente los pensamientos privados para sanar la mente y establecer relaciones de confianza con los demás. “En el canasto mente no se deben guardar frutos podridos junto a los frutos buenos, porque los dañan”, dicen los sabios indígenas.

¨     Confianza. Confiar significa depositar la fe en las propias capacidades de darse  en la palabra y en las de los demás participantes. En el encuentro se alcanza un clima de confianza que excluye temores y reticencias. Lo que cada quien expresa merece el respeto de los demás. No hay burlas, reclamaciones o “contrapunteos”. Siendo así, a la larga se verifica que quien habla, de alguna manera está exteriorizando algo que los demás tienen dentro de sí pero que no lo reconocían.

¨     Unidad de propósito. Este es el resultado que debe darse luego de cumplir una etapa de diálogo donde se exponen, complementan y depuran los puntos de vista concurrentes.

¨     Compromiso. Quien publica su palabra asume un compromiso sagrado frente a sí mismo, al Padre  Creador y a sus hermanos, los que le escuchan. Colectivamente el compromiso se centra en el cumplimiento de la unidad de propósito.

Adicionalmente, el ritual del encuentro hace imperativo cultivar personalmente los siguientes atributos, que se traducen directamente en la formación del ser:

  • Voluntad. Es la capacidad de establecer un propósito y de mantenerse fiel a su cumplimiento.
  • Atención. Conlleva una entrega plena al diálogo, tanto en el hablar como en el escuchar.
  • Concentración. Implica mantenerse centrado en el tema que se trata en el diálogo.
  • Paciencia. Disposición para permanecer conectado con el diálogo cualquiera que sean sus características. Implica no juzgar ni descalificar lo que ocurre.
  • Memoria. Para fijar en la mente los aspectos esenciales del diálogo.
  • Tolerancia. Es la aceptación del otro (o de su palabra) tal como se manifiesta, sin alterar el estado de ánimo ni disminuir la atención y la concentración.
  • Mansedumbre. No hay que entrar en polémicas (“contrapunteos”), disputas o conflictos. Se traduce en mantener serena la mente en todo momento.
  • Generosidad. Es la aptitud de dar el máximo de la propia palabra (o de las experiencias propias) para obtener apoyo en la superación de las propias viscisitudes,  ayudar a los otros en la resolución de sus problemas, y concurrir constructivamente en los asuntos colectivos, en procura de que la reunión sea fructífera en sus resultados.
  • Mentalidad abierta. Hay que ser receptivo a la palabra del otro, cualquiera que sea su inspiración ideológica o religiosa, con la seguridad de que siempre habrá algo que beneficiará al oyente. Es lo contrario del sectarismo, el dogmatismo y la autosuficiencia.
  • Alegría. Esta condición anímica proviene de entender que cuando se amplía el horizonte de la vida no se puede esperar sino alegría,

El momento de la obra

Como conclusión obvia tendrá que haber una obra que simultánemanete será de satisfacción personal y de servicio a la comunidad.

Si se guarda coherencia en todos los momentos, también habrá:

¨     Amor al trabajo. Quien se compromete lo hace desde su ser, a sabiendas de que se realiza vitalmente con ello. Por lo tanto su obra o sus actos serán cumplidos en el amor, es decir, serán de servicio y constituirán una extensión del amor mismo.

¨     Eficiencia, eficacia y calidad = Productividad. La obra que es resultado de la coherencia y del amor, no puede sino traducirse en el óptimo uso de los recursos disponibles, en la generación de abundancia espiritual y  material, en ejemplo y en una excelente calidad de su resultado.

¨     Integración del ser. Quien guarda coherencia con estos momentos de la comunicación integra su ser, comienza a saber quién es y a conocerse a sí mismo. Antes estaba fragmentado: no sabía si él era el que pensaba, el que hablaba, el que decía o el que hacía; ahora solamente tiene que estar alerta para mantenerse permanentemente en ese estado de unidad.

Mediante el Ritual de la Palabra se llega a la comunión y a la armonía, es decir, a la auténtica comunicación. Sin comunicación, no hay entendimiento, y sin entendimiento no puede haber paz ni digna convivencia. Cuando no hay comunicación se da vía libre al engaño, la desconfianza, el conflicto, y se tiende al caos.

El Ritual de la Palabra se realiza en sesiones siempre públicas y encaminadas a introducir la dimensión espiritual en todas las acciones cotidianas. El desarrollo del encuentro comienza con la palabra informal que da cuenta de los sucesos y experiencias ocurridos desde que se realizó la sesión anterior; avanza luego a la palabra de vida en sus modalidades de consejo, trabajo, abundancia y comunidad; y termina con el cierre o entrega al Padre Creador para que ilumine y acompañe los compromisos adquiridos por los asistentes. Se entiende, entonces, porqué el Ritual de la Palabra es un excelente recurso metodológico para  levar el ejercicio de la enseñanza aprendizaje propio de la Carrera de Antropología. Se trata de poner en su estructura los diferentes temas que conforman el currículo para ir asentando y experienciando paulatinamente el conocimiento que se quiera abordar.

Este secuencia conlleva una paulatina limpieza de la mente para posibilitar la auténtica comunicación (o común unión) que es requisito para llegar a la unidad de propósito, condición indispensable en todos los trabajos colectivos.

El Ritual de la Palabra ofrece los siguientes beneficios:

–         Introduce la dimensión espiritual en la academia y en su proyección profesional. Por dimensión espiritual se entiende el establecimiento de las relaciones humanas basadas en  una clara dirección hacia la fraternidad.

–         Integra ontológicamente la condición mental del ser humano, como punto de partida para el conocimiento de sí mismo y el entendimiento de la vida.

–         Genera indisolubles lazos de unión que garantizan la formación de una comunidad real donde quiera que se cumpla una acción de promoción social.

–         Mejora progresivamente las relaciones sociales, en el sentido de dar aliento a  atributos tales como la confianza, la tolerancia, el diálogo sereno y el entendimiento, entre otros. Esto – a su vez – genera la paz interior en la persona, que es la piedra angular de la paz social. Correlativamente se baja la intensidad al conflicto, pasando paulatinamente de acciones resolutorias a experiencias preventivas.

–         Es aplicable en todo encuentro de seres humanos y a cualquier tema de interés colectivo. Por lo tanto, puede iluminar, ordenar y enriquecer todos los contenidos curriculares. No obstante alcanza óptimo resultados en los desarrollos de significativo contenido social.

–         Extiende su impacto a otros ámbitos sociales, como el familiar, el laboral, el educativo, la salud, el manejo ambiental, el servicio social, el arte … en la medida en que quien asume éste método  de comunicación,  la lleva a todos los escenarios posibles de sus relaciones.

–         Humaniza y confiere  eficacia y productividad en la función académica.

–         En términos de gestión, fortalece la pertinencia de los proyectos pertinentes y “da la vuelta” o “endulza” los que no lo son.

EL CONOCIMIENTO EXPERIENCIAL

Como ya se señaló, el conocimiento experiencial es una extensión del Ritual de la Palabra, del que en alguna medida se origina y al que nutre. Corresponde al momento de la obra (en el que se llegó hasta el propósito y el compromiso), pero lo trasciende en tanto que la acción se cumple por fuera del Ritual aun cuando retorna a este ya como experiencia para evaluar o compartir.

Es un excelente recurso pedagógico en cuanto implica que se enseña a vivir… ¡viviendo!; se enseña con el ejemplo o, en otras palabras, sólo se enseña lo que se puede hacer, y lo enseña quien sabe hacerlo; es ahí donde se configura la autoridad de quien orienta o dirige, inspirando una pedagogía que siempre incluye los niveles espiritual y material (o actitudinal). En el caso del Programa de Antropología, junto con el conocimiento simbólico se toma como un eje transversal que se desarrollará aparejado con el Ritual de la Palabra.

El conocimiento experiencial es la sabiduría  de la vida para la vida. Por lo tanto excluye erudición, charlatanería, vanas teorizaciones, especulaciones e incumplimientos. Lo que se piensa se lleva al corazón, se dice, se hace y de esta manera se enseña. Es un principio que pone la justa medida del hablar y exige saber escuchar. Esto es aplicable dentro de cualquier grupo social, sin discriminaciones educativas, raciales, de edad o de género.

CONOCIMIENTO SIMBÓLICO

La educación propia de los pueblos indígenas cuenta con otro excepcional recurso pedagógico para la formación del ser: el conocimiento simbólico. La tradición oral es portadora de innumerables símbolos asociados a los seres de la naturaleza y sus relaciones, a la chagra, a la construcción de sus malocas, al arte, a la música, a los objetos fabricados, a los elementos rituales, a la alimentación y a las mismas personas, entre otros.

Estos símbolos surgen de la traducción de la percepción sensorial  a interpretaciones mentales trascendentes que alimentan el bagaje espiritual de la comunidad.

El conocimiento simbólico es esencia de la palabra de la tradición oral, está presente en el mito, se sirve de la metáfora y la organiza, e ilumina el  conocimiento experiencial. Ha tomado la  sabiduría de la naturaleza y elementos de ésta, para convertirlos  en pensamiento que da sentido al ser humano  y nutre toda la estructura de la palabra, para luego quedar inmerso en todas las aplicaciones esta. La maloca, por ejemplo, en su construcción incorpora narraciones con conocimiento simbólico; luego de terminada se convierte en una pletórica expresión simbólica (microcosmos) que en sí misma es un “libro” de sabiduría.

El conocimiento simbólico, también, es el que preserva y recuerda el significado espiritual de las plantas sagradas y los elementos rituales en tanto que comprometen a la mente a ponerse en aptitud de comunicación con el Padre Creador.

El conocimiento experiencial está erigido sobre las circunstancias espacio temporales de cada experiencia, en tanto que el conocimiento simbólico simplemente ya está ahí para que lo reconozca la palabra.

*  Preparado por Hilario Pedraza Torres para el combo del Trueke Paisa. Tenjo, agosto 30 de 2003.

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